Temps de confinament con Raquel Souto

Hoy en el ciclo “Temps de confinament. Ciutat, habitatge i societat postcovid” entrevistamos a Raquel Souto.

Raquel es militante del Sindicat de Llogateres de Barcelona. Intenta sobrevivir como arquitecta e investigadora autónoma en la ETSAB, específicamente en temas de vivienda y vulnerabilidad urbana. Desde la perspectiva del derecho a la vivienda, Raquel nos ha contestado lo siguiente:

 

¿Qué dos aspectos priorizarías cambiar de los espacios que habitas (vivienda, ciudad, pueblo, …): movilidad,espacio de relación (comunitarios, calles, etc.), servicios de proximidad, presencia de verde, infraestructuras como internet o energía, tipología comercial, recursos de proximidad, la participación ciudadana en cuestiones urbanas, infravivienda, etc.? ¿Qué aporta más la reflexión provocada por COVID-19 sobre tus prioridades?

En el contexto que se nos plantea, de clausuras temporales del uso del espacio público (obviando aquí la evidente necesidad de reivindicarlo), cabe reflexionar sobre nuestra relación con la vivienda, espacio en el que estamos determinadas a permanecer la mayor parte de nuestro día. La pandemia nos obliga a mirar hacia las marcadas y estructurales desigualdades de la población con respecto a su relación con la vivienda, tanto desde el punto de vista de las características físicas como de seguridad en la tenencia.

Por una parte, se manifiesta el hacinamiento de muchas de nosotras en viviendas de reducida superficie, que se nos hacen ya minúsculas cuando, como en mi caso, somos cinco las compañeras que vivimos 24 horas en un mismo espacio y trabajamos en una sola mesa, misma mesa en la que comemos, la que cabe en el salón. No es casualidad que los mayores niveles de contagio se hayan producido en los barrios de la ciudad con mayor hacinamiento y más infravivienda, que son por supuesto los mismos donde vive la población más pobre. Es importante darse cuenta de que no son las irresponsabilidades individuales las que producen contagios de manera generalizada, sino las desigualdades estructurales de la ciudad, y en concreto en materia de vivienda.

En segundo lugar, una disminución de ingresos generalizada, y mayor en la población más pobre, que coincide con la inquilina, nos coloca en una situación de imposibilidad de pagar el alquiler. Un alquiler que ya no podíamos pagar antes de la pandemia. Así, transformar el ámbito de la vivienda, y en concreto del alquiler, resulta la primera de las prioridades.

 

¿Crees que serán posibles estas transformaciones con el postcovid? ¿Se te ocurre alguna acción concreta para llevarla a cabo?

Algunas ya se han dado. Por ejemplo, la aceptación de la necesidad de regular el precio del alquiler en Cataluña, desde el ámbito institucional, y la huelga de alquileres estatal como respuesta organizada de la población ante la imposibilidad de pagar. La situación es clara y muy simple: con menos ingresos, no podemos pagar los alquileres que veníamos pagando. Presumiblemente veremos una situación de impago generalizada por parte de las inquilinas, y una propiedad que bajo la defensa de sus intereses intentará seguir aumentando sus ganancias.  La única solución para nosotras pasará por bajar el precio del alquiler y prohibir la posibilidad de un desahucio, desde un punto de vista institucional. Desde nuestra propia organización como inquilinas, luchar por esas bajadas de renta y estar más y mejor organizadas.

 

¿Qué fórmulas podrían aumentar nuestro parque de vivienda actualmente sólo del 2%?

La ausencia de parque público de vivienda, y en concreto en régimen de alquiler, es la carencia más sangrante del modelo de vivienda del Estado español. Pero actualmente también existen vías que permitirían aumentarlo. Para empezar, una desviación inmediata de la vivienda turística al parque público y destinada a vivienda de alquiler social. Para seguir, afrontar desde las instituciones por qué algunas leyes en vigor no se están poniendo en práctica. Por ejemplo, la 24/2015  y 17/2019, ambas catalanas, que obligan a un gran propietario a ofrecer un alquiler social a una inquilina en condiciones de vulnerabilidad. Sólo conseguir que se cumpla la ley por parte de la propiedad, es un buen principio, y estamos lejos de ello.

 

¿Qué medidas pueden favorecer el control de la especulación inmobiliaria?

El mayor control es el que nosotras mismas efectuamos conociendo nuestros derechos y organizándonos ante la propiedad desde las asambleas del moviment per l’habitatge. El segundo, que cabría esperar pero no se da en muchas ocasiones, es el de la Administración: más medios, voluntad, y mayor capacidad sancionadora en el control del incumplimiento sistemático de las leyes, en concreto de la citada 24/2015, de la LAU 7/2019 y de la reciente 11/2020 que regula el precio del alquiler.

 

Para finalizar, estamos haciendo una colección de palabras en relación a “la ciudad que queremos”. ¿Cuál es la primera palabra o idea breve que te viene a la mente con este enunciado?

En resumen, se trata de construir una ciudad con unas inquilinas organizadas, atreviéndonos a defender nuestros propios intereses luchando de la única manera en la que eso es posible, colectivamente.

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